El ciclo financiero del consumo de fin de año
Cada año, entre el Buen Fin y el aguinaldo, los mexicanos recibimos —y devolvemos casi de inmediato— el equivalente a un mes adicional de salario. CONDUSEF estima que el saldo promedio de tarjetas de crédito en México sube alrededor de 22% entre noviembre y enero.
La proporción de tarjetahabientes que pagan solo el mínimo crece del 38% al 51% en ese mismo periodo. El resultado predecible: el primer trimestre del año siguiente arranca con una deuda que tarda, en promedio, ocho meses en saldarse. La cuesta de enero no es un evento meteorológico ni una metáfora: es un ciclo financiero diseñado.
La mercantilización del tiempo festivo y el Golden Quarter
Karl Polanyi escribió en La gran transformación que el mercado moderno había logrado convertir en mercancía tres cosas que no lo son por naturaleza: la tierra, el trabajo y el dinero. Habría podido agregar una cuarta: el tiempo festivo.
Lo que era convivencia colectiva —posadas, cenas, intercambios— se reorganizó como temporada de ventas. Diciembre dejó de ser un mes y empezó a ser un trimestre comercial: el llamado golden quarter, que para muchas empresas representa entre el 30% y el 40% de los ingresos anuales.
El mecanismo del endeudamiento navideño
El esquema funciona así. La publicidad navideña empieza en octubre. El Buen Fin se promociona como ahorro y se diseña como adelanto: meses sin intereses para gastar hoy lo que se pagará en marzo.
El aguinaldo entra el 20 de diciembre y para muchos hogares ya está comprometido antes de cobrarse. Las posadas y las cenas obligan a gastar en lo que el resto del año no se gasta. Y cuando llega enero, la cuenta. Como dice el dicho: “el que paga al contado no le debe a nadie; el que paga a crédito le debe al banco y a su sombra”.
Modos de existencia: Del Tener al Ser según Erich Fromm
Hay aquí una operación cultural fina que conviene nombrar. Erich Fromm, en El miedo a la libertad y en Tener o ser, distinguió dos modos de existencia: el modo del ser, donde uno es lo que cultiva y comparte; y el modo del tener, donde uno es lo que posee y exhibe.
El consumo navideño nos empuja sistemáticamente al modo del tener: regalar para demostrar afecto, comprar ropa para fin de año, exhibir aguinaldo. Fromm advertía que cuanto más vivimos en el modo del tener, más ansiosos nos volvemos. La data financiera lo confirma sin necesidad de recurrir al psicoanálisis: la ansiedad por dinero es la causa número uno de divorcio reportada en México por el INEGI.
Tres prácticas financieras para proteger tu economía
- Hay alternativas. No requieren convertirse en monje. Tres prácticas, ordenadas de menos a más exigente.
- La primera: la regla del 30-30-30-10. Treinta por ciento del aguinaldo a saldar deudas existentes; treinta a un fondo de emergencia; treinta a gastos navideños; diez a un gusto personal.
- Los porcentajes son orientativos. Lo importante es la decisión consciente antes de que entre el dinero, no después.
- La segunda: la pausa de las cuarenta y mecho horas. Antes de cualquier compra superior a 1,500 pesos durante diciembre, esperar dos días. Si después de cuarenta y ocho horas la compra sigue pareciendo necesaria, se hace. Si no, se cancela.
- La proporción de compras navideñas que sobreviven a esa pausa, según experimentos de finanzas conductuales, es del 30%. El otro 70% era impulso disfrazado.
- La tercera, la más radical: cero meses sin intereses. Sé que suena casi blasfemo. La promoción es atractiva precisamente porque no se siente como deuda; se siente como flexibilidad.
Pero los meses sin intereses tienen tres efectos perversos. Aumentan el ticket promedio de compra (el comprador gasta más porque “no le pesa hoy”), comprometen el ingreso futuro (uno trabaja en marzo para algo que ya disfrutó en diciembre), y entrenan el cerebro a desligar el placer del costo, que es la base psicológica del sobreendeudamiento crónico.
Reflexiones sobre la libertad financiera y la deuda
Hay un proverbio antiguo, atribuido a Benjamín Franklin pero anterior: “el que toma prestado, vende su libertad”. La frase suena dura.
Aplicada a un crédito hipotecario o a un préstamo educativo, no es exacta: hay deudas que liberan más que esclavizan. Pero aplicada a un televisor en doce meses sin intereses, el viejo Franklin tenía razón.
La visión aristotélica: Oikonomía vs. Chrematística
Aristóteles distinguió, en su Política, dos tipos de adquisición: la oikonomía, el manejo de la casa para satisfacer necesidades reales, y la chrematística, la acumulación de dinero por sí mismo. Solo la primera, decía, es virtuosa.
La segunda no tiene fin natural y, por tanto, no tiene saciedad. El consumo navideño contemporáneo es chrematística disfrazada de afecto. Compramos para mostrar amor, pero el sistema que nos vende los regalos no quiere expresión: quiere que volvamos en marzo a comprar más.
Una propuesta educativa frente al consumo impulsivo
La propuesta, modesta y aplicable: educación financiera obligatoria en los últimos dos años de bachillerato, con un módulo específico sobre consumo navideño y crédito al consumidor.
No basta con enseñar tasas y plazos; hay que enseñar a leer la presión cultural detrás de cada oferta. Si el sistema educativo no entrega esa herramienta, los bancos seguirán entregándola por defecto, en su propia versión, durante la primera tarjeta de crédito a los dieciocho años.
Conclusión: elegir la libertad financiera
Como reza el dicho: “más vale poco y bueno que mucho y malo”. Diciembre nos pone enfrente lo contrario: mucho y rápido.
Decir que no, en parte, es la forma más práctica de empezar el año con libertad. Y la libertad, ya lo sabemos desde Berlin, viene en dos sabores; ninguno se compra con tarjeta.