A las 10:27 de la noche del 3 de diciembre de 2024, el presidente de Corea del Sur apareció en televisión y declaró la ley marcial. Acusó a la oposición de ser agentes de Corea del Norte. Prohibió toda actividad política. Ordenó al ejército tomar el parlamento.

A las 4:30 de la madrugada, ya no había ley marcial. ¿Cómo?

Lo que pasó en esas seis horas es una de las lecciones cívicas más importantes de este siglo. Y casi nadie fuera de Corea le prestó la atención que merece.

Lo que hicieron los ciudadanos

Cuando los soldados llegaron a la Asamblea Nacional, ya había gente. Ciudadanos comunes, alertados por las redes sociales, corrieron al edificio para bloquear la entrada. Se pusieron frente a los vehículos militares.

Algunos legisladores saltaron bardas para entrar a votar. Los asistentes parlamentarios usaron extintores contra los soldados que trataban de entrar por las ventanas.

Y a la una de la mañana, con 190 votos a favor y cero en contra, el parlamento anuló la ley marcial. Yoon Suk-yeol tuvo que retirarla. Cuatro meses después, la Corte Constitucional lo destituyó. Hoy enfrenta juicio por insurrección.

Todo eso ocurrió sin un solo disparo. Sin un solo muerto.

Lo que hicieron los ciudadanos

Cuando los soldados llegaron a la Asamblea Nacional, ya había gente. Ciudadanos comunes, alertados por las redes sociales, corrieron al edificio para bloquear la entrada. Se pusieron frente a los vehículos militares.

Algunos legisladores saltaron bardas para entrar a votar. Los asistentes parlamentarios usaron extintores contra los soldados que trataban de entrar por las ventanas.

Y a la una de la mañana, con 190 votos a favor y cero en contra, el parlamento anuló la ley marcial. Yoon Suk-yeol tuvo que retirarla. Cuatro meses después, la Corte Constitucional lo destituyó. Hoy enfrenta juicio por insurrección.

Todo eso ocurrió sin un solo disparo. Sin un solo muerto.

Instituciones o personas

Hay una discusión vieja en filosofía política sobre qué es lo que sostiene una democracia. Unos dicen que son las instituciones: la separación de poderes, los tribunales, la constitución. Otros dicen que son las personas: los ciudadanos dispuestos a defenderlas.

Corea del Sur mostró que la respuesta es las dos cosas, pero en un orden específico. Las instituciones existían. La Asamblea tenía el poder de anular la ley marcial. La Corte tenía el poder de destituir al presidente. Pero nada de eso habría servido si los ciudadanos no hubieran corrido al edificio esa noche.

Montesquieu escribió que el poder detiene al poder. Es cierto. Pero olvidó decir quién le da al poder la fuerza para detener al otro poder. Son los ciudadanos. Sin ellos, las instituciones son papel. 

No lo olvides.

El antídoto surcoreano: cómo el recuerdo de la dictadura moviliza a la ciudadanía 

Pongamos esto al lado de otros casos. En Estados Unidos, en enero de 2021, una turba tomó el Capitolio para impedir la certificación de una elección. Cuatro años después, muchos de los que participaron fueron indultados.

En varios países latinoamericanos, presidentes han disuelto congresos, cerrado tribunales, modificado constituciones a su medida, y la ciudadanía respondió con cansancio.

¿Por qué Corea reaccionó distinto? Yo tengo una hipótesis. Corea del Sur vivió dictaduras militares hasta 1987. Hay millones de coreanos vivos que recuerdan lo que significa la ley marcial de verdad. Y cuando un pueblo recuerda, actúa distinto que cuando un pueblo olvida.

Los países que dan por sentada su democracia son los más vulnerables a perderla. No porque sus instituciones sean débiles, sino porque sus ciudadanos ya no saben qué es lo que están defendiendo.

La memoria como defensa activa: la educación cívica para proteger la democracia 

No estoy proponiendo que salgamos a bloquear tanques. Estoy proponiendo algo más modesto y más difícil: que recordemos.

Que los países latinoamericanos, que también tuvieron dictaduras, no dejen que las nuevas generaciones crezcan sin saber lo que costó salir de ellas. Que las escuelas enseñen no solo las fechas, sino las consecuencias.

Además, que cuando un presidente empiece a hablar de enemigos internos y medidas excepcionales, la memoria colectiva suene la alarma antes de que sea tarde.

Corea del Sur no salvó su democracia con ejército ni con tribunales. La salvó con memoria.

Conclusión

Seis horas. Eso fue todo lo que duró el intento. Seis horas entre la declaración y la anulación. Y en esas seis horas, unos cuantos miles de ciudadanos demostraron que la democracia no es un sistema que se hereda, sino uno que se defiende, cada vez, cuando hace falta.

La pregunta para nosotros no es si nuestras instituciones aguantarían un intento parecido. Es si nosotros aguantaríamos.