La Filosofía Como Respuesta by Martin Alonso Aceves Custodio

Cuando los edificios respiran: repensar lo construido  

Un equipo de investigadores en Zúrich, liderado por el profesor Mark Tibbitt, desarrolló un material vivo fotosintético capaz de crecer y autorepararse. Este material está compuesto por 

un hidrogel que alberga cianobacterias, siendo capaz de capturar dióxido de carbono. Su funcionamiento está basado en procesos biológicos reales que implican bacterias que realizan fotosíntesis, producen biomasa y fijan carbono de manera estable en la estructura.

Este avance nos abre la posibilidad de que los edificios del futuro funcionen como organismos vivos en un ambiente de sostenibilidad.  

 ¿Deberíamos ver este avance como un logro técnico o deberíamos replantearnos nuestra relación con lo no humano al hablar de un material que crece, respira y se repara?

Antecedentes  

El proyecto de la ETH Zúrich es el resultado más reciente de la convergencia de la biotecnología, el diseño computacional y la ciencia de materiales. Por años, en los Estados Unidos y Europa se ha formado un campo emergente llamado Engineered Living Materials. 

Uno de los avances más populares de este campo ha sido el biocemento, que tiene la característica de responder a estímulos ambientales, y los paneles bioluminiscentes que usan microalgas para purificar el aire.

Cuando los edificios respiran1

Objetos que ya no son objetos  

Si tenemos un muro capaz de crecer, repararse y participar en los ciclos ecológicos, ¿cómo podemos verlo como un objeto? Desde el momento en que nuestra arquitectura pasa de ser pasiva a ser una arquitectura viva, debemos replantear nuestra interacción con el entorno. 

Filosóficamente regresamos al desafío antiguo de la división entre sujeto y objeto.  

Ubicándonos en las corrientes modernas del nuevo materialismo y la ecología política, podemos cuestionar la centralidad del humano en la Tierra. Podemos reconocer la vitalidad de lo no humano –que, si hemos de hablar con franqueza, es más abundante que lo humano.  

Imaginemos edificios vivos donde habitamos, trabajamos y nos recreamos; estaríamos cohabitando con organismos que respiran, intercambian materia y responden al ambiente. Esta convivencia nos forzaría a cuidar los edificios y a aceptar que, más allá de nuestro control, su comportamiento es ajeno a nosotros.  

Hay muchos motivos para alegrarnos por este avance y por motivar su implementación en las áreas urbanas, tanto ecológicas como de desarrollo personal. La huella ambiental que hemos estado dejando se reduciría conforme vamos migrando a esta alternativa arquitectónica. La arquitectura viva indudablemente introduciría una estética nueva a las ciudades, algo para apreciar. 

Un arte natural en su propio derecho. ¿Quién pudiera oponerse a una ciudad que, en lugar de consumir recursos y contaminar, se convierta en un espacio que produce y conserva vida?

Desafíos  

Y como muchos cuentos de hadas que nos contamos antes de que se conviertan en realidades, el camino aún es largo. No necesariamente los experimentos en laboratorio significan que tendremos edificios vivos de diez pisos. Hay retos que obstaculizan la implementación inmediata de esta biotecnología: desde las condiciones de luz y nutrientes hasta los problemas de bioseguridad.  

Aún faltan muchas preguntas por contestar. ¿Quién monitoreará la salud del material? ¿Cómo nos aseguramos de que las bacterias utilizadas no serán, a la larga, contraproducentes para la vida humana? ¿Tenemos certeza de que este material no mutará? ¿Dónde deberíamos incluir esta tecnología: en los barrios privilegiados o en las zonas urbanas de menores recursos?

Conclusión  

En los laboratorios se definirá el futuro de la biotecnología arquitectónica. No dudemos que estamos a unos años de ver los primeros edificios vivos. Sin embargo, es en el seno político donde se tendrán que definir los marcos éticos que garanticen la custodia de esta biotecnología. Estamos hablando del cuidado y monitoreo de una responsabilidad compartida. 

En una sociedad donde organismos vivos y humanos cohabitan, es necesario tener reglas de convivencia claras para evitar cometer los errores que hemos cometido en el pasado.

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