¿Cuántos autores no occidentales leíste en tu carrera universitaria? Hagamos el ejercicio de buena fe. Si estudiaste filosofía en Europa o América, probablemente recitas a Platón, Kant, Hegel, Nietzsche, Foucault.
Si tienes una formación más reciente, agregas a Arendt y Butler. Y eso es todo. La historia del pensamiento humano, que abarca al menos veinticinco siglos y siete continentes, te llegó como un canon de cuarenta nombres, todos blancos, todos europeos, todos varones salvo dos.
No es una omisión inocente. Es estructural. Y nadie en la academia occidental contemporánea se siente cómodo nombrándola sin disfraz.
El sesgo bibliográfico
La estadística es contundente. Un estudio publicado en Philosophy in Review en 2024 analizó los syllabi de 137 universidades de Europa, América del Norte y América Latina. El 91% de los textos asignados en cursos introductorios de filosofía eran de autores europeos o estadounidenses.
El 5% eran de otras regiones, casi siempre traducidos al inglés. El 4% restante eran textos de mujeres, principalmente europeas.
Los departamentos de filosofía latinoamericanos no son mejores. La filosofía mexicana, peruana, argentina aparecen como secciones optativas; el pensamiento prehispánico, andino, afrocaribeño, como folclor de doctorado.
La filosofía africana —que tiene una tradición ininterrumpida desde Ptah-Hotep en Egipto hace 4,500 años— está prácticamente ausente.
Ibn Khaldun, no Tucídides
Tomemos un solo caso. Ibn Khaldun escribió su Muqaddima en el siglo XIV. Es, literalmente, el primer libro de sociología comparada de la historia: clasifica civilizaciones, identifica ciclos económicos, propone una teoría del Estado tributaria de quinientos años antes de Marx.
Pocos estudiantes universitarios occidentales lo han oído nombrar. La mayoría, sí, han leído fragmentos de Maquiavelo, doscientos años posterior, con menor rigor sociológico.
Otro caso. Al-Ghazali, siglo XI, escribió La incoherencia de los filósofos —respondiendo a la herencia aristotélica musulmana—. Provocó la réplica de Averroes, La incoherencia de la incoherencia.
Esa polémica circuló durante cuatrocientos años en árabe y latín y modeló el escolasticismo europeo posterior. Tomás de Aquino la conocía. Hoy se enseña como nota a pie en cursos europeos de medievales.
Un caso más. Wang Yangming, neoconfucianista chino del siglo XVI, planteó la unidad de saber y acción (zhi xing he yi) con una claridad pragmatista que se anticipó por trescientos años a John Dewey. Nadie cita a Wang en cursos de epistemología.
Said y la herencia del orientalismo
Edward Said, en Orientalismo (1978), nombró el mecanismo. La academia occidental no excluyó al pensamiento no occidental por desconocimiento: lo administró. Lo catalogó como exótico, místico, religioso, intuitivo, no propiamente filosófico.
La filosofía, en esa partición, quedaba como propiedad europea; el resto del mundo producía sabiduría, espiritualidad, literatura. Categorías inferiores a la categoría filosofía.
Esa partición sigue activa en los planes de estudio contemporáneos, aunque casi nadie la defendería explícitamente. Funciona por inercia: los cursos se diseñan a partir de los cursos previos; los autores se citan porque se citaron antes.
El canon se reproduce porque está institucionalmente fijado en programas, bibliotecas y revistas acreditadas. Romper esa inercia requiere decisión política, no buena voluntad individual.
Por qué importa hoy
Hay tres razones, todas pragmáticas, no decorativas:
- El mundo dejó de ser unipolar. El siglo XXI se juega en Asia, África y América Latina —demográficamente, económicamente, geopolíticamente—. Una academia que ignora sus tradiciones intelectuales gradúa cuadros incompetentes para operar en el mundo real.
- Los grandes problemas contemporáneos requieren herramientas conceptuales que la tradición occidental no desarrolló. La crisis ambiental, por ejemplo, encuentra en la filosofía andina (Pachamama, sumak kawsay), en el confucianismo (tian ren he yi, unidad cielo-humano) y en el ubuntu africano marcos relacionales más útiles que el dualismo cartesiano sujeto-objeto.
- La diversidad intelectual fortalece la innovación. Las disciplinas con canon estrecho producen menos rupturas conceptuales que las disciplinas con canon abierto. Lo dicen los estudios bibliométricos: la endogamia bibliográfica correlaciona con menor productividad teórica.
Cómo se rompe el sesgo
No basta con agregar una clase de filosofía oriental al final del segundo año. Eso es decoración multicultural y todos lo sabemos. Lo que se necesita es estructural y caro:
Cuota mínima del 30% de bibliografía no occidental en cursos introductorios. No como nota al pie: como lectura central.
Contratación deliberada de profesores formados en tradiciones no occidentales. Sin condicionar su contratación a que reformulen su trabajo en categorías eurocéntricas.
Programas de traducción institucional. Las obras clave del pensamiento no occidental siguen subtraducidas al español y al inglés. Hay menos traducciones contemporáneas al español de Ibn Khaldun que de Tucídides.
Conclusión
El argumento no es contra Platón ni contra Kant. Es contra la pretensión de que solo Platón y Kant, y sus herederos, hayan producido filosofía digna del nombre. Esa pretensión, sostenida durante dos siglos por la universidad occidental, ya no se sostiene ni intelectualmente ni geopolíticamente.
Como dice un proverbio sufí: el sabio camina con los ojos abiertos en todas direcciones; el necio, con un solo ojo y siempre hacia el mismo lado. Hemos formado durante demasiado tiempo licenciados con un solo ojo bibliográfico. Es hora de devolverles el otro.