¿El feminismo occidental cumplió su cometido?
El feminismo surgió como respuesta a leyes y costumbres que relegaban a la mujer a un segundo plano. Acabar con los prejuicios que la sociedad les imponía era la meta.
En la actualidad, la paridad legal y la representación política confirman el triunfo de la causa, lo que nos hace preguntarnos: ¿en qué momento un movimiento en favor de los derechos fundamentales deja de ser necesario?
Existen escenarios en los cuales algunas feministas llevan la causa a extremos, convirtiendo al feminismo en un anacronismo que entorpece la convivencia entre hombres y mujeres. El feminismo occidental ha logrado su propósito.
Una prueba de ello es lo ocurrido en España, donde desde 2007 la ley estipula que, al menos, el 40 % de las candidaturas deben ser femeninas. Así, en 2023, la mitad de los puestos de diputados estaban ocupados por mujeres, logrando una de las metas del feminismo: la paridad de representación política.
Actualmente
Hoy vemos que los movimientos feministas occidentales están ligados a la causa de “liberar” mujeres en Asia, América Latina, el Medio Oriente y África; pero estos movimientos pierden de vista que los antecedentes, así como las realidades de esas mujeres, son distintos a los de Occidente.
Esta victoria en Occidente la paridad legal y política alcanzada tras décadas de lucha no debe entenderse como un modelo único de liberación. Cuando trasladamos sin más esa receta a regiones golpeadas por el colonialismo, el racismo y la pobreza extrema, corremos el riesgo de imponer un esquema ajeno a realidades muy distintas.
Antes de reclamar el espejo occidental, conviene detenernos en los problemas más urgentes: el acceso al agua potable, la tierra, la salud reproductiva y la educación básica. Solo así podremos diseñar estrategias sólidas y sensibles, capaces de respetar las prioridades y la diversidad cultural de cada comunidad del Sur Global.
Feminismo Occidental
Durante los siglos XIX y XX surgió la agenda feminista que luchaba contra el patriarcado en Europa y Norteamérica. Estas sociedades industriales buscaban la igualdad de derechos al voto, el acceso a trabajos antes monopolizados por hombres e igualdad ante la ley.
La agenda feminista occidental está marcada por ser liberal e individualista, algo que en las sociedades del Sur Global no es completamente cierto.
Feminismo en el Sur Global
El feminismo en el Sur Global está estrechamente vinculado con realidades como el colonialismo, el racismo y el neoliberalismo todos residuos dolorosos de un pasado opresivo.
Las estructuras patriarcales de cada región difieren enormemente de las enfrentadas en Occidente. De ahí que sus estrategias no sean las mismas que predica el feminismo occidental.
En muchas sociedades no occidentales, las estructuras familiares y comunitarias marcan una forma distinta de organización del cuidado y de la autoridad.
El feminismo local se forma con redes de vecinos, cooperativas agrícolas o movimientos indígenas que buscan autonomía territorial y cultural. La comunidad crea solidaridad no solamente entre mujeres.
Feminismo occidental
El feminismo occidental no puede seguir siendo el orquestador de la lucha del feminismo en el Sur Global. El feminismo del Sur Global busca reivindicar el papel de la mujer a la vez que persigue justicia cultural y económica.
La justicia social es la meta: alfabetización, salud reproductiva, lucha contra la pobreza extrema. En el feminismo occidental, la paridad laboral y política gobiernan el movimiento.
En Occidente aún quedan vestigios de desigualdades; sería ilusorio pensar que están erradicadas, en vista de todos los demás problemas que aquejan a nuestro planeta. Sin embargo, el discurso feminista actual magnifica problemas menos cuantificables, ayudando a perpetuar una guerra simbólica que parece no tener fin.
Si realmente deseamos ver un activismo contundente, es necesaria la cooperación de géneros. ¡Ya basta de activismo anecdótico y discursos inflamadores!
Conclusión
De seguir con la narrativa occidental del feminismo, seguiremos alentando desconfianza entre bandos “opuestos”. Como la escritora Camille Paglia expresó a inicios de los años 90: “el feminismo moderno se ha convertido en un culto de venganza contra el hombre disfrazado de preocupación por la mujer”.
Basta de abordar cada caso de desigualdad desde una perspectiva individual. No necesitamos recurrir a discursos globales. Aliando y no peleando es como se gana la lucha contra la desigualdad.
El feminismo occidental ganó. Es hora de dejar que el movimiento feminista del Sur Global florezca y gane su propia batalla sin influencias ni agendas ajenas a sus realidades.
La disolución del feminismo occidental sería la señal de que la igualdad real se ha consolidado.
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