El relato como herramienta de integración
La magia de las historias en Latinoamérica es que no solo entretienen, sino que ayudan a construir mundos compartidos. De igual forma, podemos referirnos a la música, a los murales, a las comparsas… Todas son expresiones de nuestra identidad.
Si buscamos reducir la Mancomunidad de Occidente a un acuerdo técnico y político, su función estará limitada. En cambio, si además de comprometernos con lo que vamos a construir también nos coordinamos para contarnos la historia que nos convoca a unirnos, podemos asegurar la viabilidad del proyecto.
Esta integración afectiva eleva el “contrato entre extraños” a un nivel más íntimo. Imaginemos que, de Tijuana a Ushuaia y de Guayaquil a Puerto Plata, los integrantes de la Mancomunidad nos identificáramos con símbolos, colores, gestos y melodías. Esto dotaría de realidad la narrativa de la integración. Una población que coopera entre sí no necesita ser supervisada.
Sin la dignificación de lo que significa ser latinoamericano, no podremos crear una política fuerte.
Símbolos
No solo los símbolos patrios evocan sentido de unidad y pertenencia; algo tan sencillo como vestir un pañuelo o lucir los colores de una idea en la calle puede despertar orgullo y compromiso.
El verde y el azul son tonos que se identifican con nuestro proyecto. El verde representa a la madre naturaleza con la que estamos haciendo las paces, y el azul simboliza los mares que abrazan nuestra tierra y el cielo que nos arropa a diario. Atrás quedan el rojo, que evoca la sangre derramada, y el blanco, recordatorio de la búsqueda de la paz. Ya no son necesarios.
Hay tantas áreas que podemos explorar. Por ejemplo, los trabajos literarios: si hiciéramos obras colaborativas o grandes compilados de cuentos populares que difundan el sentir de nuestro pueblo… ¿Y qué decir de los dichos populares? Si siguen vivos, es porque encierran verdad. Nuestra sabiduría milenaria ha sobrevivido de boca en boca. ¿Por qué detenernos ahora?
La música de la región es de las más diversas en el mundo. Cantamos distinto, pero sentimos igual. Nuestros ritmos y rimas armonizan nuestra causa. Ahora que estamos en el ritmo, la gozadera latinoamericana es única. Con nuestros carnavales y festividades no tenemos igual. La convivencia festiva es un hito de la cohesión social. La cultura hace respirable a la política.
Narrativa para la Mancomunidad de Occidente
Crear nuestro mito fundacional compartido es tan importante como establecer nuestras instituciones de gobierno. Aunque parezca propaganda, ninguna agrupación humana ha nacido sin un mito fundacional. El nuestro debe reflejar nuestra identidad: desde las raíces del maíz y el mar hasta nuestras destrezas artesanales y nuestra innovación tecnológica.
Hablemos de “nosotros” en un video corto que evoque pertenencia, mostrando lugares simbólicos como puertos, mercados, montañas, edificios y personas. Apadrinemos lugares con relatos. Compartamos rituales y abramos nuestro sello creativo.
Dejemos que todos estos símbolos sean de licencia abierta. Queremos que artistas y emprendedores usen la identidad sin pedir permiso, que se vuelva viral.
Usemos la riqueza y variedad de nuestra tierra para crear archivos orales con audio y video de distintas profesiones en diversos lugares. Abramos canales de podcasts donde se produzcan e intercambien creaciones.
Nuestro portal oficial debe dar acceso gratuito a estas creaciones: la geolocalización de los microrelatos, las sesiones musicales de jóvenes creadores mixtos y la identidad visual al alcance, lista para ser descargada.
Retos y soluciones
Habrá quienes vean este momento como oportunidad para lucrar o comprometer lo que estamos construyendo. Corremos riesgos y debemos estar preparados.
– Para evitar que un partido político se adueñe de la identidad, debemos establecer estatutos de neutralidad.
– Para eludir la polarización de los símbolos, usemos emblemas ambiguos y fértiles que promuevan colaboraciones creativas improbables.
– Para evitar la mala representación cultural, formémonos técnicamente con las comunidades portadoras de cualquier símbolo o ritual que vayamos a utilizar.
– Para impedir que el mito se tecnocratice, valoremos el arte antes que los indicadores digitales.
Conclusión
La Mancomunidad de Occidente es posible combinando logística y poesía. Es un proyecto de presupuestos y rituales, de reformas y canciones. La integración se decretará, pero el hábito se llevará en la lengua y en el corazón.
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