Liderazgo y legitimidad en la Mancomunidad de Occidente: una integración plural y sostenible
Integrar a Latinoamérica y el Caribe en la Mancomunidad de Occidente es la oportunidad histórica de contar con un proyecto colectivo capaz de resolver los grandes problemas sociales, económicos y políticos de nuestra región y de convertirnos en un modelo a replicar en el mundo.
En este artículo presentamos una guía para implementar la Mancomunidad de Occidente. Este plan se centrará en tres pilares: definir quiénes son los actores clave, determinar el modelo de liderazgo y construir las instituciones que legitimen el proyecto.
Esta ruta práctica tomará como base tendencias actuales, así como inspiración ancestral. Buscaremos construir un gobierno regional libre de concentraciones hegemónicas y con suficiente participación ciudadana representativa.
Pretendemos reflejar a las naciones que se adhieran al proyecto, pero sobre todo a los grupos y comunidades que aportan diversidad a estas naciones; esto incluye a pueblos indígenas, afrodescendientes, al ciudadano promedio, a académicos, a empresas regionales y a organismos sin fines de lucro.
El reto
El reto de la arquitectura institucional de la Mancomunidad de Occidente es la legitimidad social. Necesitamos que los ciudadanos abracen el proyecto como uno integrador y no como un instrumento para perpetuar el control de una nación o de una potencia extranjera. Por ello, buscamos no solo que el público reflexione, sino que actúe.
Al incorporar diversidad de perspectivas y democratizar el proceso de toma de decisiones, obtendremos el reconocimiento plural de las diferentes culturas que conforman la Mancomunidad de Occidente.
Liderazgo político y social: estructura, rotación y prevención de hegemonías
Evitar la hegemonía de uno o varios Estados es crucial. Si formamos la Mancomunidad de Occidente, no es para sustituir un poder extranjero manipulador por uno regional. América Latina tiene una penosa historia de fenómenos políticos en los que un Estado ha abusado de otro, generando fricciones.
Además, pueden surgir líderes regionales que provoquen resistencia entre sus miembros. Dicho esto, necesitamos una estructura institucional que brinde equilibrio en los procedimientos cotidianos y permita tomar decisiones de manera fluida.
Para lograr esto, proponemos un mecanismo de liderazgo rotativo, similar al que ya se aplica en la CELAC y en el Consejo Europeo. Esto evitará que un país acumule demasiado poder.
Para impedir que la agenda de una gran potencia se infiltre en la Mancomunidad de Occidente, se promoverá el consenso a través de una institución conformada por representantes de cada país.
La denominación
El voto de cada uno de ellos tendrá el mismo peso, independientemente de los habitantes de su país, su desarrollo económico o su rol anterior en la región. Esta institución se denominará Consejo Representativo de Estados.
Desconfiamos de la figura de un líder individual, pues aunque en la práctica esto aceleraría la toma de decisiones iniciales, a largo plazo corremos el riesgo de caer en el personalismo.
Un liderazgo compartido entre todos los Estados que conformen la Mancomunidad de Occidente debe entenderse como la cúspide de un proceso colectivo de servicio orientado al propósito de su formación.
Para elegir a los representantes de cada Estado, estos tendrán que seleccionar de entre sus filas a la persona que cumpla con el perfil que exige la integración. En la práctica, estos representantes serán líderes colectivos que representen a la unión en su conjunto. Deberán poseer estas cualidades:
– Priorizar la visión compartida sobre las agendas nacionales individuales.
– Inspirar confianza y movilizar alianzas.
– Ser capaces de construir equipos comprometidos y autónomos.
Perfil de los líderes
Es recomendable que estos líderes provengan del sector académico, aunque no debería haber limitaciones para que cualquier ciudadano que demuestre capacidad y compromiso sea elegido por su Estado y contribuya al proyecto.
Los representantes de Estado en el Consejo tendrán mandatos de dos años. La idea es que la rotación sea ordenada y planificada. Los roles se revisarán al finalizar ese período, evitando el estancamiento de equipos. El dinamismo está en el mejor interés de la Mancomunidad.
Habrá posiciones que deberán crearse y cubrirse en el Consejo, aunque estas no conferirán mayor poder a los representantes, pues serán meramente coordinadoras.
Definición de los cargos
Estos cargos de conducción estarán definidos por ciclos de dos años y no podrán repetirse hasta que concluya el ciclo de todos los representantes de los Estados.
A pesar de ser poco ortodoxo, se recomienda que en la primera sesión del Consejo Representativo de Estados se defina, con claridad y transparencia, el marco de reglas para los procesos de toma de decisiones. Es preferible que sea voluntad del propio Consejo definir las normas, a que llegue con un conjunto de reglas no aprobadas por los Estados.
Como se puede ver, el liderazgo distribuido, en rotación planificada y representado por voces respetadas en la región, es la vía más efectiva para preservar la pluralidad y legitimidad del proceso.
Confianza intergubernamental y legitimidad institucional
En la actualidad las instituciones en América Latina y el Caribe están fragmentadas. Requerimos generar confianza entre Estados y la sociedad civil. Para esto necesitamos implementar mecanismos de confianza en los organismos de la Mancomunidad de Occidente.
Portales públicos deben implementarse donde los ciudadanos puedan consultar las decisiones tomadas y los avances hechos. A esto le podemos sumar un mecanismo de rendición de cuentas dónde la Asamblea General de la Mancomunidad de presente ante los ciudadanos en diferentes localidades.
Es importante pensar en la necesidad de un mecanismo de resolución de disputas que llegue a funcionar sin la doctrina legalista rígida. Esto aumentaría la confianza y la apertura al diálogo.
La legitimidad institucional de la Mancomunidad se construye con la participación amplia de la sociedad civil, pero sobre todo, con la aceptación social de reglas y procedimientos. La ciudadanía de la Mancomunidad necesita entender de manera tangible el por qué todos los pueblos de nuestra región se han unido.
Otros actores estratégicos en la integración regional
Legitimar las instituciones de la Mancomunidad puede llevarse al siguiente nivel invitando a subgobiernos y universitarios a participar en las sesiones del Consejo. Bastaría con realizar sorteos para elegir a los gobiernos municipales y Universidades interesadas en participar. Este proceso integrador solidificaría el proyecto hasta el nivel más básico: el de las comunidades.
La delegación de cierta municipalidad o de una universidad tiene conocimiento directo de problemáticas locales , así como proximidad con la ciudadanía. Estos pueden ayudar a identificar y promover proyectos de cooperación transfronterizos.
La participación de estas delegaciones pudieran ser útiles en la toma de decisiones para destinar fondos y promover la cooperación. Inclusive pudieran servir como ejecutores de proyectos piloto que ayuden al desarrollo de capacidades técnicas .
Se tienen identificados más de 800 pueblos indígenas en nuestro continente. Sus luchas y sabiduría son pilar para nuestro proyecto. Su priorización en ser incluidos como delegados en los ejercicios políticos del Consejo de la Mancomunidad daría gran validez al proyecto integrador.
Ahora, surge la pregunta ¿Deberíamos apoyarnos con organismos internacionales?
La respuesta es sí. A pesar de que la Mancomunidad es un proyecto integrador regional, su visión a largo plazo es integrador mundial, por lo que no debe estar cerrado a alianzas que velen por sus intereses.
Colaborar con organismos internacionales puede ayudar a tener acceso a financiamiento, a adoptar buenas prácticas, a facilitar el diálogo y a monitorear independientemente las prácticas realizadas.
Aunque todas estas son ventajas de mantener apertura internacional, debemos ser precavidos a la hora de permitirle a terceros sentarse en nuestra mesa. No debemos olvidar que llevamos 200 años sin poder integrarnos, en gran medida, por influencia extranjera. Si hemos de apoyarnos, debemos articular los mecanismos puntualmente. Dónde mayor provecho pudiéramos sacar sería en :
– Financiamiento y cofinanciamiento.
– Asistencia en desarrollo sostenible.
– Inclusión de tecnologías digitales.
Motores productivos
El sector privado es clave para dotar de realidad económica al proyecto. Las pymes serán el canal por el cual se conectarán territorios y cadenas de valor. No debemos temer a estos clusters empresariales, pues nuestro territorio es tan grande y la intención es favorecer el desarrollo del todo, oportunidades habrá para Miles y Miles de empresas.
Una plataforma empresarial regional donde las empresas de todos los tamaños y sectores tengan un espacio abierto para proponer iniciativas innovadoras, sería en el mejor interés de la Mancomunidad. Abrir este portal impulsará iniciativas conectando a empresas de todos países y generando el motor emprendedor que nos eleve a competir con otras potencias económicas.
Estás Pymes se beneficiarán con acceso a nuevos mercados, financiamiento y tecnología. Una red de alianzas estratégicas comentaría también la responsabilidad social compartida sumando indirectamente a la validación de la meta original de la Mancomunidad: la integración regional.
Modelo de gobernanza regional
Hemos mencionado anteriormente que el Consejo de Representantes de Estados decidirá en los asuntos de la Mancomunidad con igual voz y voto, pero este modelo de gobernanza requiere de apoyo para los grandes retos que el proyecto contiene.
La creación de instituciones puente va a ser necesario. Podemos visualizar secretarias a nivel técnico que apoyen en el crecimiento de ciertas áreas, foros de consulta para temáticas especializadas, organismos multidisciplinarios que ejecuten planes de cierta dificultad. Hay que confiar en que las instituciones emanadas del Consejo cumplirán con las capacidades y responsabilidades que le fueron conferidas.
Ruta práctica para consolidar la arquitectura de la Mancomunidad de Occidente
El nacimiento de la Mancomunidad puede dividirse en fases y acciones. Esta es la idea a seguir:
Fase 1 Estableciendo bases
Cómo hemos manifestado, la participación y aceptación ciudadana son el corazón de la Mancomunidad, por lo tanto debemos empezar por convocar asambleas en cada uno de los Estados interesados en pertenecer.
Está asamblea debe estar representada por los actores políticos pertinentes, así como de integrantes de organizaciones civiles, pueblos indígenas, académicos y otros miembros destacados de sus comunidades.
Una vez que el pueblo del Estado haya validado la participación del Estado en la Mancomunidad, se debe elegir al representante que hablará por ellos dos años.
Ya que todos los Estados miembros se hayan sumado y tengan a sus representantes destinados, será momento de establecer el modelo de liderazgo rotativo para las funciones administrativas que el consejo requiera. Posteriormente se debería establecer claramente los principios, las reglas y las aspiraciones de la integración para después establecer el plan de trabajo.
Fase 2: instituciones y mecanismos
El plan de trabajo requerirá músculo y cerebro para que lo lleven a cabo. En esta fase el Consejo creará Secretarias, Comités, Fondos y Organizaciones que salvaguarden los intereses del proyecto.
Las convocatorias deben ser abiertas , a través de forros digitales y con plena transparencia. La implementación de dichas instituciones deberá esparcirse convenientemente a lo largo de todo el territorio de la Mancomunidad garantizando así la participación general.
Fase 3: Desarrollo de proyectos estratégicos
Proyectos de la magnitud que deseamos llevar a cabo deben ser probados inicialmente. por esa razón los proyectos piloto son indispensables. Las pretensiones de la Mancomunidad se centran, más no se limitan, a proyectos de infraestructura, educación, salud, medio ambiente, desarrollo tecnológico, medios de producción e inclusión cultural.
De tal manera que cada proyecto necesita de la participación de gobiernos locales, la ciudadanía y el sector privado. Un proyecto piloto elegido al azar de entre todas las regiones que se contemplen para el proyecto a gran escala puede enseñarnos mucho sobre cómo replicar el modelo o modificarlo en futuras implementaciones.
Fase 4: Expansión y sostenibilidad
La creación de una ciudadanía mancomunitaria con derechos sociales, económicos y políticos compartidos no solo validará a nível regional y mundial nuestro proyecto, sino que permitiría homologar organismos de resolución de controversias.
La movilidad académica, laboral y de fondos de inversión para el desarrollo sostenible se verían beneficiadas de una sola ciudadanía.
Los informes de producción y comunicación estarían disponibles 24/7 en las plataformas digitales y al alcance en todos los idiomas oficiales de la Mancomunidad (español, portugués, inglés, francés y neerlandés) así como en las versiones de los dialectos indígenas.
Conclusión
La Mancomunidad de Occidente enfrenta la tarea de superar los obstáculos históricos de la fragmentación, la hegemonía y la desconfianza que han limitado la integración regional en América Latina y el Caribe.
La clave para que superemos esto yace en la gobernanza plural y transparente y en el modelo de liderazgo colectivo. Nuestros actores estratégicos legitiman el modelo inclusivo y garantizan la toma de decisiones que reflejen los intereses y necesidades de nuestros pueblos.
En la Mancomunidad creemos que la legitimidad institucional fluye de abajo hacia arriba, es decir, desde la comunidad hacia las instituciones, y no en sentido contrario como es el caso en muchos de nuestros países. El bienestar, la justicia y el desarrollo sostenible son resultado del diálogo intercultural.
El momento es ahora, con decisión y creatividad podemos perfeccionar está ruta hacia la integración regional. Este proyecto lo firmamos todos. ¿Qué otra medida sugieres?
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