La Filosofía Como Respuesta by Martin Alonso Aceves Custodio
¿Por qué los extranjeros triunfan en tierras ajenas?

¿Por qué los extranjeros triunfan en tierras ajenas?

¿Por qué los extranjeros triunfan en tierras ajenas?

Para contestar esta pregunta tenemos que tomar en cuenta factores complejos de interacción: individuales, sociales, estructurales y filosóficos. La identidad, el sentido de pertenencia, la resiliencia, la libertad individual y la ética de trabajo son percibidas de forma distinta por alguien que nunca sale de su comunidad y por alguien que sí lo hace.

Existencialismo y migración

Paul Sartre, Simone de Beauvoir y Albert Camus nos permiten entender la experiencia migratoria desde la esencia, donde básicamente aceptamos que el hombre no está predeterminado, sino que lo definen sus actos y elecciones. Así, la condena a la libertad que todos poseemos nos recuerda que el fracaso o el éxito que tengamos depende de nosotros.  

Los migrantes que emprenden la aventura con la intención de triunfar en un ambiente ajeno al suyo lo hacen creando nuevas formas de ser y de pertenecer. Dotan su vida de un sentido nuevo que, sin duda, es la fuente de su resiliencia y creatividad.  

Despejarse de certezas y rutinas es la forma de obtener autenticidad por medio de la esencia. La libertad radical y la responsabilidad individual son el faro durante los momentos de incertidumbre.

Cosmopolitanismo

La filosofía de la ciudadanía global tiene sus raíces en la filosofía estoica y en Kant. En ella se propone que los humanos formamos parte de una comunidad moral global.  

La sociedad de sociedades de Ulrich Beck nos dice que las identidades nacionales se transforman. Este fenómeno haría que el migrante exitoso encarnara a alguien capaz de navegar entre culturas, lenguas y valores diferentes a los suyos. 

La actitud cosmopolita se convierte en la receta para el éxito, pues permite aprender receptivamente y contribuir desinteresadamente en la sociedad acogida.

 

¿Por qué los extranjeros triunfan en tierras ajenas?

Pragmatismo

El pragmatismo americano de William James, John Dewey y Charles Peirce nos habla de centrar la adaptación práctica en la resolución de problemas concretos.  

Los migrantes exitosos se podrían explicar en función de su capacidad para ajustar hábitos, creencias y estrategias según las exigencias del nuevo entorno. Identifican oportunidades, modifican sus expectativas y adoptan prácticas eficaces para integrarse y prosperar. 

No es coincidencia que los migrantes estén sobrerepresentados en estudios de emprendimiento en sectores de alta demanda, precisamente por su disposición a asumir riesgos y a buscar alternativas cuando las vías convencionales están cerradas.

Utilitarismo

El utilitarismo de Jeremy Bentham y John Stuart Mill sostiene que la moralidad de las acciones se juzga por su capacidad para maximizar el bienestar y la felicidad del mayor número de personas.  

Partiendo de ahí, la migración no es más que una estrategia racional para optimizar el bienestar individual y colectivo. La movilidad internacional permite a los individuos escapar de contextos de pobreza y violencia y acceder a mercados laborales más dinámicos y entornos sociales más seguros.

Fenomenología

La fenomenología de Edmund Husserl y Maurice Merleau‑Ponty nos habla de que la reconfiguración de la identidad, en este caso de los migrantes, es dinámica y relacional. No siempre hay un luto psicológico como el que a veces se menciona al referirse a la pérdida de la lengua, las costumbres y los valores.  

El establecimiento de redes sociales es la clave para resignificar la historia personal.

Conclusión

En conjunto, las corrientes filosóficas y sociales analizadas muestran que el éxito de los migrantes no es fruto del azar sino de una combinación de recursos internos y contextuales: libertad y responsabilidad individual, capacidad pragmática para resolver problemas, apertura cosmopolita y reconfiguración fenomenológica de la identidad.  

Además, los migrantes cuentan con ventajas concretas en el terreno social y simbólico: historias personales exóticas que atraen interés y curiosidad; la atención inconsciente de otros por un acento distinto, que puede abrir puertas y generar redes; y la capacidad de ver la realidad desde dos lentes diferentes —la de origen y la del lugar de llegada—, lo que les permite combinar recursos culturales, detectar oportunidades que otros no ven y ofrecer soluciones híbridas.  

Estas ventajas no eliminan las dificultades ni garantizan el éxito por sí solas, pero funcionan como palancas: transforman la vulnerabilidad en creatividad, la diferencia en capital social y la movilidad en estrategia racional para mejorar el bienestar.

En definitiva, triunfar en tierras ajenas es un acto de reinvención sostenido por la libertad de elegir, la adaptabilidad práctica y la riqueza simbólica que trae consigo la experiencia migratoria.

De Aristóteles a TikTok: el ocio noble y el ocio mercantil

De Aristóteles a TikTok: el ocio noble y el ocio mercantil

De Aristóteles a TikTok: el ocio noble y el ocio mercantil

¿Estamos obligados a divertirnos en esta época de tecnología al alcance de nuestros dedos?  

El que no se divierte es sospechoso: un bicho raro en una sociedad que rebosa de opciones instantáneas.

Quien no se divierte hoy falta al mandato social.

Diversión  

Divertirse, desde la antigüedad, es sinónimo de cambiar de rumbo, algo curioso si tomamos en cuenta que tedio, etimológicamente, proviene del cansancio del alma. 

La filosofía y la diversión tienen una relación estrecha. El tedio ha sido la madre de muchas ideas revolucionarias debido a que almas cansadas han buscado curiosear entre ideas originales para divertirse. 

A esto le pudiéramos llamar “ocio noble”. Asimismo, el mercantilismo nos ha llevado a contemplar el scroll infinito de las plataformas tecnológicas en un intento por acabar con el tedio.

Aristóteles mantenía que la felicidad se encontraba en el ocio. De igual forma, Byung‑Chul Han sostiene que el ocio ha sido colonizado por la lógica productiva. La ironía es clara: trabajamos más para poder pagar el ocio que nos aletarga. ¿No es esto progreso?

De Aristóteles a TikTok: el ocio noble y el ocio mercantil<br />

Blaise Pascal

Otro pensador con miradas interesantes hacia la diversión fue el matemático Blaise Pascal, quien decía que nada era más insoportable para el hombre que estar en total reposo. De ahí la magia de un meme: eso basta para distraernos.

Nos hemos vuelto dependientes de nuestra diversión. ¿Podría ser que la felicidad no es la acumulación de novedades sino la tranquilidad del alma? 

No niego que, en nuestra inherente finitud, es necesario divertirse, pues reírse es la respuesta ante el absurdo que conlleva vivir en un mundo sin sentido. Pero, ¿habrá diferencia entre divertirnos para olvidar el absurdo y divertirnos para afirmarlo?

¿Qué decir del algoritmo que antes divertía y ahora también narra? Este narrador preprogramado con estímulos cada tres segundos que nos dice qué debemos pensar y convierte la risa en mercancía, dejando el “ocio noble” en la pila de los obsoletos.

Crear o re‑crear formas de divertirnos colectivamente es, en realidad, una resistencia pacífica contra el mercado. La promesa neoliberal de «trabaja más hoy y sé feliz más tarde» se revela.

Pensemos que el resultado de ambos ocios no es lo único que los hace diferir. TikTok y otras plataformas similares explotan los circuitos dopaminérgicos, fatigando y fragmentando la atención. Por eso vemos cada vez más mermada la capacidad de contemplación de las generaciones del algoritmo. La paradoja es que, a más estímulo, más tedio.

Reconciliando el ocio noble con el ocio mercantil  

El humor aún puede ser utilizado como arma de resistencia si mantiene su filo crítico y evita ser comercializado. Hasta el más modesto usuario de la plataforma rápida puede intentar algo que cambie su forma de ocio.

Si apagara el algoritmo durante una hora y comiera sin pantallas, vería significativamente mejorada su manera de divertirse. La mente que vaga en el vacío, irreparablemente, caerá en la curiosidad.

Desalinización: la inversión que no podemos postergar

Desalinización: la inversión que no podemos postergar

Desalinización: la inversión que no podemos postergar 

Si el agua cae del cielo, ¿por qué nos preocupamos ahora?  

La ONU llamó “bancarrota hídrica” a nuestras actuales prácticas de extracción de agua no sustentables. El bien común, como Platón lo predicaba en términos de política, quedó perdido en algún lugar de los presupuestos y las cámaras de trabajo.  

La sed mundial es digna de una distopía hollywoodense. La mitad de la población mundial sufre escasez grave al menos un mes al año; a esto sumemos que los lagos se están evaporando y, bueno, vemos eventos como los sucedidos en Ciudad del Cabo y Chennai.  

Ignorar el llamado de la naturaleza y esperar que la mano invisible de la economía haga milagros es sepultar nuestro futuro próximo.  

La desalinización es una tecnología que existe desde hace tiempo y que muchos aplauden, pero pocos pagan. Israel obtiene el 70% de su agua potable del mar, mientras España y Australia también están en la jugada. Aún así, se estima que sólo 300 millones de personas son abastecidas por agua proveniente de esta tecnología en todo el mundo.  

Desalinización: la inversión que no podemos postergar

¿Y las poblaciones que necesitan?

¿Y qué pasa con las demás poblaciones que lo necesitan? A veces ni siquiera reciben promesas o presentaciones de PowerPoint.  

Si Karl Marx viera que la infraestructura hídrica se decide por intereses y no por necesidad, estaría fascinado. Vemos propuestas sobre trenes, refinerías y aeropuertos, pero ignoramos que poco a poco nos estamos quedando sin agua.  

La salmuera es un problema del pasado. Hoy ya se ha demostrado que la ósmosis inversa en la desalinización es sostenible. Además, la energía que consume es menor que nunca.  

Desalinizar e invertir en esta tecnología es parte de la solución; la otra parte es reutilizar las aguas residuales, la captación pluvial y la tecnificación agrícola.  

Conclusión

Dudo que haya algún adulto informado que niegue la realidad hídrica de nuestro planeta; sin embargo, parece que nuestra solución es comprar más garrafones, almacenar agua en cubetas y esperar a que alguien lo resuelva por nosotros. No caigamos en lo que el explorador Robert Swan decía: la peor amenaza es creer que otro salvará el planeta.  

Si nosotros no opinamos, la naturaleza sí. Las sequías, las enfermedades y las migraciones son solo parte de sus respuestas. ¿Cuánto tiempo más vamos a seguir especulando si debemos escalar la desalinización?

Rutina, limpieza y claridad 

Rutina, limpieza y claridad 

Rutina, limpieza y claridad

La limpieza y el orden no son meros asuntos domésticos; son prácticas que reflejan nuestra concepción del mundo y de la propia vida. Donde lo material y lo mental convergen, nuestros pensamientos pueden enturbiarse.

Ordenar es pensar

Para ordenar, es necesario trazar rutas para la acción y la reflexión. Un cajón en el que cada cosa tiene su lugar es una mente que sostiene ideas complejas en un orden sano.

Limpiar es purificante

Piénsalo: limpiar es retirar lo que distrae. Es darle legibilidad a un mundo que a veces parece confuso. Limpiar es colocar atención en lo que se hace; es estar consciente.

Vivir en un ambiente desordenado nos hace propensos a divagar — a dispersar nuestros pensamientos. Al habitar un espacio ordenado y cuidado, la jerarquía de nuestros proyectos intelectuales se ve beneficiada.

Rutina, limpieza y claridad 1

Caso de estudio  

Kant, como ejemplo histórico, es la encarnación de la disciplina cotidiana y del orden del pensamiento. Es posible inferir que, a través de su rutina extrema y de la atención a sus hábitos, encontró efectos positivos en su mente. Un ambiente ordenado disminuye los estímulos irrelevantes y ayuda a reducir el ruido cognitivo.

La limpieza y el orden requieren disciplina, pues la práctica repetitiva es la clave para estabilizar la voluntad. La disciplina externa se traduce en disciplina intelectual.

Buscar la belleza del orden y la limpieza va más allá de ser egoísta; es un gesto de amor. Es demostrar amor por otros y por uno mismo. Es regalar serenidad.

Si quieres practicar el ritual cotidiano, es recomendable:  

– Limpiar después de acabar de trabajar.  

– Priorizar lo urgente y lo importante.  

– Adoptar rituales breves antes de transicionar entre actividades.

Ten en mente que el orden y la limpieza no deben convertirse en algo obsesivo, sino en algo funcional. Ordenar y limpiar sirve a la vida intelectual; no la esclaviza.

Conclusión  

Limpiar y ordenar sirven para que la mente pueda desplegarse con menos resistencia. Son gestos humildes que cuidan la salud mental y ordenan el mundo, convirtiéndolo en un lugar mejor.

La basura como síntoma de una modernidad desechable

La basura como síntoma de una modernidad desechable

La basura como síntoma de una modernidad desechable

Hablemos basura, realmente basura. En el mundo generamos 2.1 mil millones de toneladas de residuos al año. Se piensa que al menos un tercio de esos desechos no son manejados de forma segura para el medio ambiente. ¿Qué dice esto de nosotros?

Entre más observamos estas cifras, más evidente se vuelve que la basura no es solo un problema técnico, sino un espejo cultural. No es únicamente lo que tiramos: es lo que somos capaces de ignorar mientras seguimos adelante como si nada. La basura revela nuestras prioridades, nuestras omisiones y, sobre todo, nuestra incapacidad de ver las consecuencias a largo plazo.

Al vernos en el espejo nítido de nuestra relación con el mundo, vemos que acumular basura es igual que cuando acumulamos decisiones y hábitos. La desidia y la procrastinación nos consumen.

Y cuando la desidia se vuelve sistema, aparecen las crisis. No porque no existan soluciones, sino porque preferimos postergarlas hasta que el problema se vuelve demasiado grande para esconderlo debajo de la alfombra. Ahí es cuando algunos países deciden actuar con fuerza, a veces con una visión admirable, a veces con un impulso que roza lo desmedido.

Un caso de solución

Revisemos un caso donde la solución fue llevada de forma ambiciosa. En China hoy encontramos más de mil plantas de valorización energética; esto equivale a más de la mitad de la capacidad mundial instalada.

China no se anduvo con rodeos, ellos pensaron en atacar la crisis de basura por la que atravesaban y lo hicieron al puro estilo de la carrera de 100 años. Curiosamente, esta solución, en un poco más de diez años, también nos ha enseñado que la desmedida genera nuevos problemas.

Este tipo de respuestas masivas nos recuerda que resolver un problema no siempre significa resolverlo bien. La velocidad y la escala pueden ser virtudes, pero también pueden convertirse en trampas cuando no se consideran los efectos secundarios. La basura, paradójicamente, puede multiplicarse cuando el sistema que la gestiona necesita que exista para mantenerse rentable.

La basura como síntoma de una modernidad desechable1

El ejemplo de China

El ejemplo de China nos muestra que la escalabilidad no siempre está alineada con la sostenibilidad. China tiene más plantas de valorización energética de las que necesita. Desde un punto de vista materialista, las plantas, para ser rentables, requieren constante flujo de basura. Esto significa que el exceso de plantas incentiva la producción de basura, pues si esta falta, el sistema pierde.

Como diría Heráclito: El exceso es el enemigo de lo necesario.

Aquí aparece una tensión que no es solo técnica, sino ética: ¿qué pasa cuando un sistema económico necesita que el problema continúe para seguir funcionando? La basura deja de ser algo que queremos reducir y se convierte, silenciosamente, en materia prima indispensable.

¿Qué aprende Latinoamérica del caso chino?

Antes de copiar modelos ajenos, conviene mirarnos con honestidad. Nuestra región no parte del mismo punto, ni tiene las mismas capacidades, ni enfrenta los mismos ritmos de crecimiento. Pero sí compartimos algo: la urgencia de actuar sin caer en soluciones que, por grandiosas, terminen siendo contraproducentes.

Para empezar, reconocer que a nosotros nos falta infraestructura y que nuestra gestión de residuos es informal, en su mayoría. China es un ejemplo. El impulso que mostraron es inspirador, pero la lección es clara: las grandes soluciones necesitan equilibrio y visión a largo plazo. En las palabras del sabio chino Lao Tse: “Gobernar una gran nación es como freír un pequeño pez: si lo manipulas mucho, se estropea”.

Entre la falta de infraestructura y la informalidad, Latinoamérica se mueve en una especie de zona gris. No tenemos la maquinaria sobredimensionada de China, pero sí tenemos algo que puede ser una ventaja: la posibilidad de diseñar sistemas más flexibles, más cercanos a la realidad social y menos dependientes de la lógica de “más basura, más negocio”.

Conclusión

Latinoamérica iría bien con sistemas híbridos de reciclaje, formal e informal, pero sobre todo con educación ambiental profunda y continua. La gestión de residuos debe centrarse en el bienestar ecológico y humano, no en la eficiencia técnica y la productividad económica.

Y quizá el punto más importante es entender que la basura no es solo un residuo físico: es un residuo simbólico. Es la huella de cómo vivimos, de cómo consumimos y de cómo decidimos. Si no cambiamos esa relación, cualquier infraestructura será insuficiente.

Dejemos de tomar decisiones como cuando desechamos objetos. Pareciera que la crisis de basura es una crisis de sentido. En esta modernidad líquida en la que vivimos, la basura es un símbolo de cómo todo nos parece desechable.