La Filosofía Como Respuesta by Martin Alonso Aceves Custodio

Libertad y Sociedad

Tal cosa como un estado completo de libertad no existe. A lo largo de la historia, hemos debatido los beneficios de entregar una parte de nuestra libertad en función de la conveniencia de vivir en sociedad. 

El filósofo francés Montesquieu, en El Espíritu de las Leyes, afirmó que “la libertad es el derecho de hacer lo que la ley permite, y si un ciudadano pudiera hacer lo que la ley prohíbe, ya no poseería libertad, porque todos sus conciudadanos tendrían el mismo poder.”

Vivir en sociedad es vivir en un estado de derecho donde la libertad es una garantía universal, salvo ciertas condiciones de la ley. Al no estar presos físicamente, hablamos de estar en libertad, aunque filosóficamente la libertad sea la capacidad de la conciencia para pensar y obrar según la propia voluntad.

Exploremos de forma histórica y cultural por qué aceptamos la existencia de límites normativos en nuestras sociedades.

En la china antigua

Empecemos por Confucio en la antigua China. Él sostenía que el orden y la jerarquía eran esenciales para la convivencia pacífica. Aquí vemos claramente el concepto de armonía social, que, para el confucionismo, es la verdadera libertad. 

Así, en la antigua China, las leyes no eran vistas como limitantes de la libertad, sino como una estructura de protección para el bienestar social.

Otro defensor de las leyes como símbolo de armonía social fue el filósofo inglés Thomas Hobbes, quien sostenía que, en un estado natural, los seres humanos eran salvajes y propensos al caos y la guerra, y que solo con la existencia de gobiernos que establezcan reglas se puede garantizar la seguridad y la libertad.

En los estados musulmanes

En los estados musulmanes, la ley Sharia nos ofrece un ejemplo de cómo la legislación puede ir un paso más allá en la restricción de libertades a cambio de armonía. La ley Sharia define la libertad como la obediencia a los mandatos divinos que determinan cómo debe comportarse una persona en su vida privada y en sociedad.

 Esto parece ser lo opuesto a la libertad que entendemos en Occidente, es decir, la libertad de decidir por nosotros mismos. Sin embargo, la ley Sharia enseña que la libertad es peligrosa y que es mejor delimitarla en función del beneficio colectivo.

El concepto de libertad negativa consiste en la ausencia de restricciones externas. Esta idea, desarrollada por Isaiah Berlin, sostiene que la libertad debería existir sin la intervención estatal, siempre que no afecte a terceros. Todos tenemos la capacidad de restringir nuestro comportamiento desde adentro y deberíamos hacerlo si esto significa evitar dañar a otros.

El estado de anarquía, es decir, un estado sin leyes, según el filósofo Piotr Kropotkin, plantea que las leyes no defienden la libertad y que hemos vivido creyendo una mentira. Los grupos de poder controlan las masas a través de restricciones impuestas en forma de leyes y nos inculcan desde la infancia la idea de que esto es lo correcto para la armonía social.

Libertad y Sociedad: ¿Son las leyes un límite o una garantía?<br />

La realidad

Un caso claro de esto es la lucha indígena que ocurre en varios países de Latinoamérica, donde comunidades han vivido en armonía durante siglos y hoy enfrentan la imposición de leyes externas que prometen ser en su beneficio. Aquí no estamos hablando de armonía social, sino de opresión e imposición cultural.

Es necesario preguntarnos si el modelo de leyes es realmente el ideal para mantener nuestra libertad en la nueva sociedad que estamos construyendo.

Recordemos que cuando empezamos a entender la libertad como algo más allá del cumplimiento de normas como la capacidad de vivir autónomamente, con dignidad y propósito podremos replantearnos si hemos aceptado ser oprimidos o si, en realidad, estamos entregando uno de nuestros regalos existenciales más preciados a cambio de una vida en sociedad semiarmonizada.

Conclusión

Las leyes no solo establecen límites, sino que también garantizan la libertad al proteger derechos fundamentales y promover la convivencia. En una sociedad justa, las normas no deben verse como restricciones absolutas, sino como un equilibrio entre el orden y la autonomía individual.

La clave está en cómo se diseñan y aplican, asegurando que fomenten la libertad sin caer en el autoritarismo.

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