La Filosofía Como Respuesta by Martin Alonso Aceves Custodio

Neoliberalismo y la crisis de integración latinoamericana

El modelo neoliberal ha jugado un papel clave en la toma de decisiones hacia la integración regional en Latinoamérica desde finales del siglo pasado. Este modelo trascendió la parte económica para instalarse como una doctrina política y social en la región.  

Bajo la promesa de generar desarrollo y modernizar nuestros países, permitiéndonos entrar a competir en el mercado global, nos entregamos a cambios bruscos para después darnos cuenta de que la apertura al mercado vino acompañada de una profunda dependencia de actores externos que nunca tuvieron nuestros intereses de por medio.  

Las reformas neoliberales estuvieron condicionadas por organismos como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Esto era una forma de potencias como Estados Unidos para influir directamente en nuestras políticas. Las consecuencias se vieron en las privatizaciones masivas de activos de las naciones con tal de liberar la economía del rol del Estado.  

Viéndolo en retrospectiva, durante los años 50 y 60, la CEPAL, fundada en 1948 como iniciativa de las Naciones Unidas para el desarrollo económico de América Latina y el Caribe, logró fortalecer el mercado regional con propuestas de reducción de importaciones. 

Llegada del ciclo reoliberal

Cuando el ciclo neoliberal llegó, instauró una lógica de competencia y de desregulación que acabó con las capacidades políticas y productivas del mercado común que se estaba creando en los mercados colectivos.  

La Mancomunidad de Occidente es, en cierta forma, una respuesta de acción ante este legado de crisis y desintegración. Una de sus intenciones es acabar con la dependencia política y económica que hasta el día de hoy perdura en nuestros Estados.  

Desarrollo del neoliberalismo en América Latina

En los años 70 y 80, los países de Latinoamérica habían pasado por dictaduras militares, gobiernos conservadores y modelos de industrialización por sustitución. 

En los países desarrollados de Occidente, el modelo económico propuesto por Keynes atravesaba una crisis, por lo que la “Escuela de Chicago”, encabezada por los economistas Milton Friedman y George Stigler, se dio a la tarea de remodelar los Estados y la economía promoviendo liberalización, privatización y apertura a la inversión extranjera.  

En los 80, desde Washington, se diseñó un programa en el cual se preveían reformas estructurales como disciplina fiscal, reducción del gasto social, desregulación del mercado y privatización de empresas estatales. Muchos de nuestros mandatarios optaron por estos programas por tratarse de regímenes autoritarios o por encontrarse en severas crisis financieras. 

No obstante, varios de nuestros mandatarios de la época fueron becados y estudiaron en Estados Unidos, y posteriormente fueron animados a tomar las riendas de nuestros países. Quizás el caso pionero fue el de la dictadura de Pinochet en Chile, quien aplicó la terapia del shock neoliberal para reorganizar la economía de su país.  

México, por su parte, firmó en 1994 el Tratado de Libre Comercio, con el cual, al desregularizar la apertura del mercado, se generaron concentraciones de riqueza y deterioro de las condiciones laborales.  

Mancomunidad de Occidente p9

La privatización y la reconfiguración regional

Durante los 80, la ola de privatizaciones arrasó el continente. Las empresas gubernamentales estratégicas como las de energía, telecomunicaciones, agua y salud fueron transferidas a manos privadas bajo la promesa de eficientizar y modernizar los procesos. 

La realidad fue que los servicios en muchos casos empeoraron, se volvieron más caros y varias áreas de la población quedaron excluidas.  

De igual forma, la apertura comercial rompió con la barrera arancelaria. Al no cobrar impuestos, el mercado se llenó de productos extranjeros y las cadenas de valor productivo que antes existían quedaron dañadas. 

Nuestras débiles empresas nacionales sucumbieron en una competencia desproporcionada con grandes cadenas internacionales. En breve, nunca planeamos esta estrategia: simplemente se nos fue impuesta y vendida como la solución a nuestro problema de “retraso” económico.  

La verdad

Los verdaderos ganadores fueron unos cuantos en nuestros países y muchos en países extranjeros que se enriquecieron a costa de nuestra desestabilización.  

Nos endeudamos para poder competir en el mercado global y, cuando la deuda nos consumió, los competidores desleales que nos trajeron a la carrera nos pusieron como requisito privatizar nuestras empresas para poder acceder a más financiamiento internacional. Cavamos un hoyo para tapar otro.  

Lo que la CEPAL de los años 50 y 60 venía promoviendo —la integración gradual e industrialización coordinada— se fue al caño, básicamente. Al fragmentar nuestros mercados y los diferentes grados de apertura de cada país, se impidió lo que pudo haber sido el comienzo de un mercado común latinoamericano.  

Cadenas de valor

Con el neoliberalismo nuestra especialización cambió: sustituimos la manufactura por los sectores primarios. Nos dedicamos a extraer hidrocarburos, a la minería y a la agricultura. Quedamos relegados a la parte más básica de la cadena de valor. En condiciones precarias de trabajo y sin exigencia tecnológica mayor, nuestros países se estancaron en lugar de crecer.  

Esto dio pie a dinámicas donde se buscaba inversión extranjera a como diera lugar, a veces entrando en la práctica de bajar los salarios al piso para lograrlo.  

A pesar de que los sindicatos y grupos comunitarios se unieron para defender los derechos laborales, la salud y la educación pública, estaban tan debilitados que su capacidad de formar frentes regionales fue mínima.  

Resultados del neoliberalismo

La sociedad latinoamericana quedó polarizada, la desigualdad se hizo más notoria. Sin el Estado para ayudarnos a redistribuir la riqueza y con la mercantilización de los servicios básicos, aumentó la pobreza relativa. No por nada nuestra región tiene uno de los niveles de polarización social más altos del mundo.  

Los barrios marginales, la violencia estructural y, en general, los conflictos populares son herencia de esta fragmentación.  

Subordinación permanente

Con la oleada neoliberal nos vimos dependientes de la exportación de commodities como minerales, petróleo y productos alimenticios. Estamos a merced de la volatilidad del mercado internacional manipulado por actores hegemónicos. Nuestra deuda externa es impagable, la fuga de capitales alarmante y las crisis financieras nos vulneran aún más. Vivimos en un estado permanente de subordinación.  

La Mancomunidad de Occidente no solo critica el modelo neoliberal, sino que propone una comunidad política y económica que priorice el bienestar colectivo.  

Hemos visto intentos de integración en la región. El Mercosur, el ALBA, la Alianza del Pacífico, SICA, CARICOM, por mencionar algunos, han sido experiencias alternativas a una Mancomunidad, aunque no han podido más que entregar avances parciales.  

Los flujos intrarregionales aún son bajos, la infraestructura inadecuada y los intereses nacionales aún se anteponen al bienestar regional. Si algo aprendimos del Coronavirus en Latinoamérica, fue que necesitamos mayor autonomía en salud, ciencia, producción y cooperación.  

Conclusión

El neoliberalismo debilitó los cimientos de una integración justa y sustentable. Para lograr una integración transformadora necesitamos construir un proyecto político basado en la inclusión, la justicia social y la interdependencia regional.  

Para ello proponemos:  

  1. Que el Estado recupere su papel de garante de los intereses colectivos.  
  2. Promover la autonomía regional.  
  3. Impulsar la justicia social.  

Rompiendo los paradigmas neoliberales vamos a poder enfrentar los desafíos de la dependencia estructural. Es momento de trabajar en la utopía latinoamericana.  

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