La Filosofía Como Respuesta by Martin Alonso Aceves Custodio

Pensar en prisión

La cárcel no suele pensarse como un lugar para la filosofía. Se la asocia con castigo, con silencio impuesto, con cuerpos encerrados. Pero si uno mira con atención, descubre que entre rejas también se ha pensado. Se ha escrito. Se ha resistido.  

No es casual que algunos de los textos más lúcidos de la historia hayan nacido en prisión. Sócrates, Gramsci, Solzhenitsyn, Mandela: cuatro nombres, cuatro contextos, cuatro formas de pensar desde el encierro. No porque la cárcel sea noble, sino porque en ella se revela algo esencial: cuando todo se pierde, queda la palabra.

Sócrates

En el siglo V a.C., en Atenas, Sócrates fue condenado a muerte por “corromper a la juventud” y por no creer en los dioses de la ciudad. Sus últimos días de vida los pasó en prisión haciendo lo que mejor sabía hacer: dialogando.  

Sócrates no escribió nada; aun así, su muerte marca un hito en la historia del pensamiento occidental. La cárcel no silenció a Sócrates, al contrario: él continuó desobedeciendo e incomodando. Sócrates pudo haber pedido clemencia o negociado su sentencia si tan solo se hubiera retractado de sus enseñanzas o hubiera prometido no filosofar más. En cambio, prefirió beber la cicuta (veneno) y dejar que su cuerpo muriera para que la filosofía no lo hiciera.  

El castigo de Sócrates ha sido aula para todos los filósofos que hemos venido después de él. Y desde entonces, el ejercicio filosófico no ha dejado de ser un riesgo.

Antonio Gramsci

El filósofo marxista Antonio Gramsci fue encarcelado en Turín en 1926. El régimen de Il Duce, Benito Mussolini, deseaba que ese cerebro no funcionara, pero el encierro no lo logró.  

Los Cuadernos que Gramsci escribió desde la cárcel son textos que reflexionan sobre el poder, la cultura y la hegemonía. No son escritos autocompasivos, sino críticas sobre cómo se domestica el pensamiento. Así, la cárcel pasó de ser un castigo a ser un laboratorio.  

El pensamiento marxista que tenía evolucionó de la mera lucha en las fábricas a la lucha ideológica. Escribir se volvió una forma de resistencia.

Pensar en prisión: cuando la palabra es lo único que queda<br />

Aleksandr Solzhenitsyn

Después de ser un leal soldado de artillería ruso durante la Segunda Guerra Mundial, Solzhenitsyn fue condenado a ocho años en el Gulag —sistema de prisión y trabajos forzosos del régimen soviético de Iósif Stalin. ¿La razón? Lo que escribió en una carta privada a un amigo.  

Solzhenitsyn, quien ya había mostrado inclinación literaria en su juventud a pesar de ser un físico-matemático por vocación, escribió Un día en la vida de Iván Denisovich, una novela inspirada en sus propias vivencias, donde retrata el sufrimiento del Gulag.  

El encierro físico se convirtió en una oportunidad, en una revelación. Pasó de ser un engranaje del aparato político a un disidente del comunismo soviético. Luchó contra el encierro físico y el intento de destruir el alma de quienes viven la condena. Escribiendo impidió que sus ideas fueran borradas.

Nelson Mandela

Uno de los héroes modernos pasó de ser un activista pacifista a formar un brazo armado para el Congreso Nacional Africano. Nelson Mandela fue condenado en 1964 a cadena perpetua por luchar contra el apartheid (sistema segregatorio sudafricano).  

Y aunque Mandela no es considerado un filósofo como tal, su actitud estando en prisión se ha vuelto un ejemplo ético. En lugar de quebrarse y llenarse de rencor, eligió dignidad.  

Estando en prisión aprendió a escuchar, a negociar y a no odiar. Él decidió no ser un mártir, sino un líder. La cárcel le enseñó paciencia y le permitió convertirse en el primer presidente negro de Sudáfrica.  

Si no hubiera sido por las enseñanzas del encierro, quizás su gobierno no hubiera escogido la reconciliación racial y la construcción de un estado democrático.

Conclusión

Cualquier persona que se encuentre presa debe recordar que su libertad podrá estar coartada, pero esto no debe privarla de la palabra.  

Así como los cuatro hombres que acabamos de ver estuvieron presos, todos tenemos el poder de pensar desde ahí o desde cualquier otro lado. Esto nos hace preguntarnos a los que disfrutamos de una libertad más amplia: ¿qué estamos haciendo con nuestro tiempo?

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