Desalinización: la inversión que no podemos postergar
Desalinización: la inversión que no podemos postergar
Si el agua cae del cielo, ¿por qué nos preocupamos ahora?
La ONU llamó “bancarrota hídrica” a nuestras actuales prácticas de extracción de agua no sustentables. El bien común, como Platón lo predicaba en términos de política, quedó perdido en algún lugar de los presupuestos y las cámaras de trabajo.
La sed mundial es digna de una distopía hollywoodense. La mitad de la población mundial sufre escasez grave al menos un mes al año; a esto sumemos que los lagos se están evaporando y, bueno, vemos eventos como los sucedidos en Ciudad del Cabo y Chennai.
Ignorar el llamado de la naturaleza y esperar que la mano invisible de la economía haga milagros es sepultar nuestro futuro próximo.
La desalinización es una tecnología que existe desde hace tiempo y que muchos aplauden, pero pocos pagan. Israel obtiene el 70% de su agua potable del mar, mientras España y Australia también están en la jugada. Aún así, se estima que sólo 300 millones de personas son abastecidas por agua proveniente de esta tecnología en todo el mundo.
¿Y las poblaciones que necesitan?
¿Y qué pasa con las demás poblaciones que lo necesitan? A veces ni siquiera reciben promesas o presentaciones de PowerPoint.
Si Karl Marx viera que la infraestructura hídrica se decide por intereses y no por necesidad, estaría fascinado. Vemos propuestas sobre trenes, refinerías y aeropuertos, pero ignoramos que poco a poco nos estamos quedando sin agua.
La salmuera es un problema del pasado. Hoy ya se ha demostrado que la ósmosis inversa en la desalinización es sostenible. Además, la energía que consume es menor que nunca.
Desalinizar e invertir en esta tecnología es parte de la solución; la otra parte es reutilizar las aguas residuales, la captación pluvial y la tecnificación agrícola.
Conclusión
Dudo que haya algún adulto informado que niegue la realidad hídrica de nuestro planeta; sin embargo, parece que nuestra solución es comprar más garrafones, almacenar agua en cubetas y esperar a que alguien lo resuelva por nosotros. No caigamos en lo que el explorador Robert Swan decía: la peor amenaza es creer que otro salvará el planeta.
Si nosotros no opinamos, la naturaleza sí. Las sequías, las enfermedades y las migraciones son solo parte de sus respuestas. ¿Cuánto tiempo más vamos a seguir especulando si debemos escalar la desalinización?




