Cuando la ciencia se equivoca: el legado de Ioannidis
¿Qué tan a menudo cuestionamos la veracidad de los hallazgos científicos?
Confiamos en la ciencia para tomar decisiones personales, para estructurar nuestra sociedad y establecer políticas de bienestar público, pero ¿qué pasaría si descubriéramos que muchos de esos estudios científicos en los que confiamos están equivocados?
Hace 20 años, el investigador John Ioannidis nos advirtió: muchos de los estudios científicos publicados podrían estar equivocados. La comunidad científica pegó el grito en el cielo refutando sus afirmaciones, pero Ioannidis no lo dijo al azar; él se basó en cálculos matemáticos y lógica estadística.
Con el argumento de que, bajo las prácticas comunes de investigación, la mayoría de los resultados publicados son falsos, Ioannidis nos hizo replantearnos aquello que damos por verdadero.
Usando un método estadístico sencillo, conocido como bayesiano —el cual considera la probabilidad previa y el sesgo para estimar si un hallazgo es verdadero—, demostró que la probabilidad de que un resultado “significativo” refleje realmente un efecto es inferior al 50 %.
¿Cómo afecta?
Esto no solo afecta a científicos y académicos, sino también a todos nosotros. Las investigaciones influyen en la medicina que consumimos, en los productos que compramos, en las políticas que apoyamos y en las creencias que adoptamos como sociedad.
Cuando los estudios se basan en evidencias débiles o sesgadas, las decisiones que se toman a partir de ellos pueden ser equivocadas, incluso peligrosas.
También como consumidores tendemos a respaldar muchas de nuestras decisiones en “hallazgos científicos”.
Si un estudio dice que una vacuna sirve para X y Y, ¡pues me la pongo sin pensarlo!
Si esta app en mi reloj cuenta mis pasos y afirma que así reduzco el riesgo de cierta enfermedad en un 20 %, ¡empiezo a caminar como nunca!
Estudios realizados
Y si otro estudio asegura que la contaminación de los autos no es tan grave, entonces cambiemos los estándares ambientales… sin cuestionarlo.
Los falsos positivos que inundan los libros de texto, los feeds de redes sociales y los comerciales en la televisión son generados por investigaciones que tienen estas características:
– Se llevan a cabo con pocos participantes.
– Se observan efectos muy pequeños.
– Se buscan demasiadas cosas al mismo tiempo.
– Los investigadores no tienen reglas bien definidas.
– Hay intereses personales de por medio (ej. dinero).
– El tema en cuestión está de moda y hay muchos investigadores tratando de hacer descubrimientos.
Los hallazgos de Ioannidis muestran que hay pocas verdades por descubrir en muchos campos de investigación, que las pruebas que los científicos a veces usan no son tan poderosas, y que el grado de error que se permiten los investigadores termina repercutiendo en sus conclusiones.
Conclusión
Esto equivaldría a decir que, cada que uno de estos científicos realiza una investigación y observa humo, concluye que también debe haber fuego, cuando quizás solo era neblina.
Con esta reflexión buscamos fomentar el pensamiento crítico. No debemos aceptar cada hallazgo como cierto, aun cuando esté respaldado por la ciencia. Equilibremos la confianza con el escepticismo.
Si nos traen un nuevo hallazgo, preguntemos por la metodología usada y las réplicas de ese mismo experimento. Aprendamos un poco sobre estadística y fomentemos que los niños la entiendan desde temprana edad.
Invitemos a los científicos a compartir también los resultados negativos. Quizás así disminuyamos su sed por reportar lo que ellos consideran positivo.
Sobre todo, levantemos la voz como sociedad contra las investigaciones financiadas y donde existan conflictos de interés monetario que comprometan la veracidad.
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